Carnaval me pareció un día tan apropiado como cualquier otro para sacar de paseo el Principito que Juan de Juana me trajo de Bulgaria. Le dije al libro: "¿te apetece un paseo?". Y me contestó Да , que quiere decir que sí en búlgaro.
Las calles estaban atiborradas de indios americanos, de abejitas, de relojes de cuco. Vimos una familia entera disfrazada de Universo. Había una niña pequeña disfrazada de ternero recién nacido, y otra de bebé jirafa. El pueblo estaba también lleno de supermanes, espidermanes y batmanes de todos los tamaños. Dos monjas descocadas enseñaban a los presentes sus piernas a través de las irreverentes rajas de sus hábitos. Al final del día me pareció oportuno explicarle al Principito en Búlgaro que durante Carnaval las personas se disfrazan pretendiendo ser quienes no son. El libro, con mirada ingenua, me preguntó si no podría ser que también hubiese personas que, aprovechando la confusión, se sacasen en Carnaval el disfraz que quizás llevasen puestos durante todo el año, pasando a ser por un único día ellos mismos. Tuve que admitir que ciertamente era una posibilidad que no había que tomar a la ligera.


